Intenso pasajero de la vida, si bien es cierto que esta vida pasa rápidamente, aún más que los momentos donde creemos respirar tranquilos, también es cierto que tú amor inocente, haces parada cuando adviertes unos ojos diferentes, no importa lo que te cueste bajarte de este tren, te bajas, ignorando el tiempo que tomará terminar de explorar esta nueva tierra.
En cada parada descubres un nuevo matiz del color gris que te destaca, no rojo, porque tú amor, no eres sólo pasión, sino mil colores con significante, que cansados de buscar una tierra propia, terminan cambiándose al color gris al terminar su jornada.
¿Recuerdas amor cuando te detuviste en esa tierra juguetona, donde el sol daba saltos como unos ojos pícaros, y esos árboles que se arrodillaban para alcanzarte al igual que unas manos inquietas? Sabías que esa parada iba a ser rápida, a prisa, pero sin embargo descendiste del tren (aunque se podría decir que subiste), a encontrar esa tierra que después dejaste con la excusa de que no era diversión lo que buscabas, sino una tierra solitaria, donde pudieras estar tranquilo.
Esa parada no es comparable con aquella cuando te detuviste sólo para contemplar aquella belleza que parecía perfecta, de donde te fuiste una eternidad después, porque era tanta la comodidad de esa tierra que te hizo recordar que eso era lo que buscabas, pero faltaba algo mas… que no conocías aún.
Es risible cómo no me sentiste, amor, cómo no supiste que yo era lo que buscabas, no supiste que simplemente me buscabas porque soy parte de ti, a mí que me llaman vacío, asesino de ilusiones disfrazadas de verdad, que visto de negro y me junto con tu blanca esperanza para darte color y forma, a ti, explorador, curioso, burlador hermoso.
Y si es por la soledad que no descansas, que buscas y buscas en tierras llenas de todo y nada, te dejaremos hacerlo, sin evitar reírnos de tu búsqueda en esperanza y falta, con fracasos y triunfos, hasta que abandones el tren de la vida.
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