
¿Qué podría decirte, si ni siquiera estás?
Sin saber qué eres, quiero escribirte,
Nunca consigo hablarte cuando estoy sola,
Siempre te escribo con la soledad.
Sólo sé que naces en mi pecho,
Con tu ardor asciendes hacia mi garganta,
Cierras mis labios, necesitas callarme,
Para no salir y acompañarme en mí lecho.
Una laguna en mis pensamientos,
Causas cuando estás en vigilia,
¡Oscuridad infinita!
Me ciegas, me amarras a este triste lugar,
Donde mis sonrisas no traen sentimientos,
Corren desde adentro para huir de tu crueldad.
Sólo algo te reprocho, a ti, inexistente,
Si no me dejas, si me amarras,
¿Por qué me dejas aquí carente?
¿Por qué no calmas mi soledad?
¿O es acaso que tú me acusas
De necesitarte para defenderme,
Para no concentrarme en mi verdad?
Y si quiero darte nombre,
Y pronunciarte en la desesperación,
Muchas vueltas no daría
Pues no eres un hombre
Eres la angustia, de mi corazón.
Diana C. Arias V.
No hay comentarios:
Publicar un comentario