domingo, 17 de enero de 2010

Rien

Te escribo desde un punto de partida que desconozco pero padezco; niebla que me impide verte frente a frente, tocarte, amarte, sentirte eternamente.

Sin embargo te escribo, porque supongo que ahí estás, con miedo a mirarme para no encontrar esa nada, esa vida, capitana demente ignorante de lo que viene. Malestar nos relaciona, la amargura te hace sonreír cuando el amor no lo logra.

La angustia que nos distancia nos une, la desesperación nos mueve y paraliza, entre encuentro y desencuentro, brisa nos refresca el rostro y lo estira de arrugas prematuras por saber que no hay un día más allá aunque queramos, aunque intentemos ilusionarnos y lo llogramos, sólo nos queda el día a día para estar juntos.

Palabras burdas de un submundo cargado de impulsos y desencuentros.

Diana Arias.

Pausas Inestables

Inestablididad perseguida por el cantor a deidades,
verdades extintas por el reescribir de realidades,
líneas pasadas que se esfuman al ritmo de la partida de la estela de despertares muertos, sin lugar en los recuerdos.

Puertos acabados por los vientos de los sueños,
seguridad ultrajada por la magia de lo nuevo,
soledad inacabada que vives por los siglos, vas desde el ombligo
y te pierdes en esos besos; los suyos, los nuestros, los de nadie.

Quédate en silencio en medio de la nada,
porque nada agregada a la bulla disgrega,
con las quejas, con las nuevas de gente pesada,
por la carga que el caos de la vida les deja.

Piérdanse cabellos, sumérjanse en el destino,
porque el filo de las tijeras les amenaza.
Adéntrense en la nostalgia, revivan a lo perdido,
ataquen la miseria, ataquen la miseria,
devuelvan la esperanza al vigor ya ido.

Diana Arias
Enero 17 de 2010